A la altura de las familias

¿Cómo es la relación que tienes con los padres y madres?, ¿cómo lo vives?, ¿afecta a la infancia la relación que tenemos con las personas que más quieren?

Estamos en pleno tiempo de acogida o periodo de adaptación para las menos actualizadas. Es un momento clave donde más que nunca se requiere estar a la altura de sus ojos. Existe mucha información y formación sobre observación, escucha, ajuste corporal, ambientes preparados… Sin embargo, hay un elemento clave en este proceso y en la vida de los niños y niñas: su familia.

Independientemente de su composición, nuestra labor es estar para cada una de ellas con el objetivo de que la infancia vivencie su vida escolar con el mejor sostén y apoyo emocional.

Todas hemos pecado una y mil veces pensando: “este padre siempre llega tarde y no puedo con ello”, “no soporto a esta madre, es igual que el hijo”, etc. Es lógico y normal, el juicio pasa por nuestra cabeza de forma inconsciente porque no son como yo, ni piensan como yo, ni se relacionan como yo. Si queremos hacer un buen trabajo con nuestro alumnado, es obligación incluir y mirar con buenos ojos a cada madre y cada padre.

El vínculo que generamos con el alumnado está filtrado por cómo miramos a su familia. En función de este vínculo, estarán seguros y disponibles para su propio desarrollo.

Detalles que marcan la diferencia

A final de curso, una familia me comentaba que les sorprendió que el primer día de clase, sin aún conocer a grandes ni pequeños, llamaba a Pedro por su nombre y a María por el suyo. Resaltaban que aquel día le pregunté al padre si prefería que le llamase Mohamed o Moha. Un básico para mí es aprenderme el nombre de todos los niños y niñas el primer día y el de cada persona de referencia como muy tarde en una semana. Este tipo de detalles que reconocen la identidad de la persona fortalecen los vínculos y facilitan un clima de confianza.

Otra clave sencilla es mirar internamente a los padres y madres como personas completas. Mirar a la madre que viene agobiada a primera hora como una persona que no sólo es madre sino también pareja, profesional, amiga… Una persona con días altos y bajos, con dificultades y facilidades, con defectos y virtudes. Tendemos a excluir el resto de la personalidad y nos quedamos únicamente con la faceta de crianza. Hacer este cambio de mirada no sólo mejora el bienestar de nuestro alumnado sino el de familias y docentes. Todos somos personas con nuestros defectos y virtudes.

Mi experiencia a lo largo de los años es que este tipo de intervenciones construyen poco a poco mejores vínculos con madres, padres, abuelas… Cuando se hace este proceso con un número significativo de referentes se genera un campo de confianza en el grupo. Este campo emocional intangible disuelve malentendidos y facilita la resolución de conflictos desde el respeto y la disponibilidad. Cuando avanza el curso y sienten esta mirada inclusiva hacia familias y alumnado, aparece la calma. Un estado en el que cada madre o padre están tranquilos, disfrutan y se apoyan en nosotras como profesionales de la educación.

El bienestar educativo depende de cómo miramos a las familias.

 

Artículo publicado en el número 101 de la revista Aula de Infantil de Graó