Dejen jugar por favor

Niños sentados haciendo asambleas interminables; niñas que realizan fichas o propuestas que no tienen que ver con su realidad y necesidades; una infancia sujeta a las necesidades adultas…

Se imaginan que hace cientos de años, unos señores llamados Platón y Aristóteles ya hablaran del juego en el aprendizaje. Se imaginan que desde hace 100 años aproximadamente innumerables científicos de la educación continúen afirmando desde diferentes enfoques lo mismo: el juego es crucial para el desarrollo de la infancia.

Se imaginan que desde las primeras investigaciones hasta los últimos avances de la neurociencia confirmen y demuestren que el juego desarrolla de forma global todas las áreas de la persona: sensorial, motriz, cognitiva, comunicativa, emocional y social. Se imaginan que no sólo afirman que es importante para la infancia, sino para el resto de etapas evolutivas y sobretodo, para alcanzar la madurez.

Se imaginan que la ley de educación española dijera que Los métodos de trabajo en ambos ciclos se basarán en las experiencias, en la actividad infantil y en el juego, y se aplicarán en un ambiente de seguridad, afecto y confianza para potenciar la autoestima y la integración social”. Se imaginan que la ley pusiera la experiencia, la actividad y el juego infantil como epicentro del trabajo a realizar.

Se imaginan que el juego fuera una necesidad vital para los niños y niñas. Se imaginan que lo único que necesitaran para desarrollar su juego fueran espacios preparados; capacidad para elegir libremente qué proyectos realizar; un grupo de iguales para compartir y lo más importante, tiempo para d e t e n e r s e, probar y experimentar sin la prisa de un reloj.

Se imaginan que lo único que tuvieran que realizar sus adultos de referencia para que pudieran desarrollar su juego fuera apartarse y observar sus procesos; preparar espacios y materiales en función de las necesidades observadas; acompañar sus emociones y relaciones en el juego; y documentar los proyectos realizados.

Se imaginan que muchos docentes sabiendo todas las evidencias científicas no utilizaran el juego espontáneo en el aula nada más que para distraerlos o mantenerles entretenidos. Se imaginan que hubiera muchos docentes que hablaran de la importancia del juego y luego no lo utilizaran como base del aprendizaje. Se imaginan que mucha de la ocupación docente fuera hacer, hacer y hacer cosas que no mueven ni tocan a la infancia. Se imaginan que hay niños y niñas que pierden “tiempo de jugar” para estar sentados en una asamblea esperando su turno con otros 20 iguales más o para realizar una ficha del método. Se imaginan…

Pues dejen de imaginar, todo esto es real.

Artículo publicado en el número 103 de la revista Aula de Infantil de Graó