La continuidad del relato en familias separadas

Cuando hacemos referencia al relato, hablamos de cómo la infancia comprende la vida como una sucesión de hechos que mantienen coherencia y continuidad.

Cada familia es única y tiene sus normas, rutinas, cultura, ocio… Las separadas, cuentan además con una custodia determinada y al menos dos contextos de relación, lo que añade más retos a la construcción del relato.

En la medida en la que los niños y niñas pueden comprender un relato común, construyen coherentemente su identidad. Por eso es de suma importancia que ambos progenitores mantengan la misma narración de lo ocurrido.

Independientemente de lo que haya pasado en la pareja, la infancia debe saber y vivir que sus padres o madres continúan fuertes y estables en su labor de progenitores, aunque ya no como pareja. Es importante recordar que de los asuntos de los adultos, se encargan los adultos.

Por tanto, la realidad que construyan los progenitores separados va a conformar la estructura, autoconcepto e identidad del niño. La coherencia y continuidad en el relato es lo que mantiene sanos a los niños y niñas.

¿Qué podemos hacer para que el niño o la niña pueda construir su propio y único relato de vida?

Desde mi humilde experiencia, y como padre separado, os comparto algunas propuestas que realizamos para favorecer la continuidad del relato en ambos contextos.

Lo que decimos los adultos crea la realidad de nuestros hijos. Por eso, en las conversaciones de cada casa se incluye al otro progenitor de forma natural, así como a sus tías, abuelas y demás personas importantes con las que comparten vida.

Para incluir lo que viven, nos mandamos fotos los fines de semana y los días con eventos importantes para los niños (cumpleaños, viajes…). Así podemos hablar de lo que hacen con el otro y dar continuidad a lo vivido.

Aunque cada adulto tenemos nuestra nueva vida, tratamos de coincidir y compartir algunos tiempos juntos de vez en cuando: parques, intercambios o cumpleaños con sus amigos.

También nos parece fundamental coordinarse en los horarios: comidas, siestas, acostarse.  Aunque viven en dos espacios diferentes mantienen una continuidad en la estructura y los tiempos.

Desde el principio, el calendario ha sido la base estructural que ha dado calma y seguridad a nuestro hijo mayor para saber qué días está con su madre y qué días está con su padre. Tenemos el mismo calendario y cada progenitor tiene un color de referencia. Apuntamos los eventos habituales de cada casa y los importantes de la otra (sobre todo viajes). De esta forma puede hacer un relato conjunto y común independientemente de dónde esté.

Al haber establecido una custodia compartida, hay elementos que son comunes en ambas casas. Las zapatillas, los abrigos, la mochila del colegio o útiles de extraescolares van y vienen siendo elementos de permanencia en ambos contextos.

Para culminar, decir que todas estas propuestas son grandes retos para adultos separados cuyo único fin es el bienestar y la seguridad emocional de nuestros niños y niñas.

Artículo publicado en el número 97 de la revista Aula de Infantil de Graó