Sólo podemos dar lo que somos

Quienes vivimos a diario en el aula sabemos que una cosa es la teoría y otra bien distinta es la práctica. Una cosa es lo que pone en los papeles oficiales y otra bien distinta es lo que ocurre en las aulas. ¿Por qué?

La educación infantil se conjuga a través de una propuesta educativa sobre papel que después cada docente o acompañante facilita. Sin embargo, ¿todas las personas que están en una escuela entienden y comprenden el significado profundo de su proyecto pedagógico?

Ya sabéis la respuesta. Hay tantas interpretaciones como personas trabajen en ese contexto educativo. Cada una interpretará y llevará a cabo el proyecto en función de su mirada.

Como la educación la realizan las personas, todo dependerá de la persona que está acompañando o educando a la infancia. Porque su mirada educativa estará condicionada por su formación, su capacidad de reflexión y sus vivencias personales pasadas.

Para poder estar a la altura de sus ojos y comprender sus acciones y expresiones, primero tenemos que saber cuál es la altura de los nuestros, cómo somos y cómo nos expresamos.

Antes que profesionales somos personas y eso es lo que proyectamos en los niños y niñas con los que nos relacionamos. El asunto es que no podemos dar nada que antes no hayamos recibido.

Para saber qué les ofrecemos, cada docente debería tener claro que hay que buscar un momento para sentarse a reflexionar. Se trata de profundizar sobre cuál es nuestro ritmo vital, cómo nos relacionamos con los demás, cómo funciona nuestra cabeza a nivel cognitivo, cuál es nuestra historia familiar y cómo nos afecta, qué cosas nos gustan y qué no, qué se nos da mejor y peor, cuáles son nuestros temas tabú, etc.

No podemos olvidar que cuando estamos en el aula o en casa nos expresamos en función de cómo hemos vivido el cuerpo, la autoridad, los límites, la autonomía, la relación, las emociones…

¿Cómo voy a enseñar calma si siempre voy a toda prisa?, ¿cómo voy a dejarles ponerse en riesgo si tengo miedo a que les pase algo?, ¿cómo voy a entender sus procesos emocionales si yo me muevo mejor en un plano racional?, ¿cómo…?

Reflexionar y profundizar sobre ello es la única forma de saber qué es lo que ofrecemos (y no ofrecemos) cuando estamos ante nuestro alumnado. No olvidemos que nuestros mejores maestros y maestras nos han marcado por lo que eran y no por lo que nos enseñaban.

Para poder realizar bien nuestra labor, todo comienza con la reflexión y continúa con un proceso de formación vivencial. Poco a poco nos llevará a una toma de conciencia que sólo el tiempo y la práctica consiguen incorporar.

Estar disponible de verdad es apagar tu ruido interno para escuchar al otro.

 

Artículo publicado en el número 99 de la revista Aula de Infantil de Graó